El INFJ como influencer: Una tragedia narrada con filtros y hashtags

Por alguien que trató de viralizar su alma, pero solo logró viralizar su inseguridad.
Primera lección: La incomprensión tiene likes limitados
Todo comenzó una tarde gris, porque obviamente no podía ser en un día soleado. Estaba viendo un live de un influencer de estilo de vida. Era uno de esos hombres con sonrisa de catálogo dental y voz como si hubiera tragado optimismo en polvo. Decía cosas como: «La felicidad está en los pequeños detalles: un café bien hecho, un rayo de sol, y un contrato de patrocinio con una marca de ropa.»
Pensé: Yo también puedo hacer esto. Soy INFJ. Tengo profundidad, tengo emociones, tengo… bueno, algo que decir.
Subí mi primera foto. Elegí un atardecer, porque, ¿qué otra cosa iba a elegir un INFJ? En la descripción escribí:
«El sol se despide como yo: en silencio, pero con impacto.»
Resultado: tres likes. Mi madre fue la primera, comentando: «¿Por qué no sonríes más?» El segundo fue un bot que vendía gafas de sol y el tercero fue de una cuenta llamada @alma_torturada1987, que definitivamente era otro INFJ.
Esa noche, vi cómo un influencer de comida subía una foto de una tostada de aguacate con el texto: «Vive, ríe, brunch.» Ciento veinte mil likes. Ahí aprendí mi primera lección: la incomprensión es estéticamente atractiva, pero nadie la comparte si puede compartir un aguacate.
Segunda lección: Las colaboraciones no son para los mártires
Decidí que necesitaba aliados. Así que contacté a una marca local de velas artesanales llamada “Encendamos el Alma.” Mi idea era una campaña poética titulada «Velas para iluminar tu ser,» que básicamente consistía en subir fotos de mí mismo contemplando la existencia junto a una vela encendida.
Mi primer post fue una foto en blanco y negro. Estaba sentado en mi habitación, sosteniendo una vela, con mi diario abierto en el fondo. La descripción decía:
«El fuego no solo quema, también revela. En cada llama, un fragmento de lo que soy.»
Recibí un correo del CEO de la marca, que firmaba sus mensajes como “El Guardián de las Llamas.” Me escribió:
«Tu post no refleja la alegría de nuestro producto. ¿Puedes hacerlo más alegre?»
¿Más alegre? ¿Con una vela? Como buen INFJ, respondí con sinceridad:
«La alegría es un estado pasajero. Mi misión es iluminar verdades.»
Nunca me respondieron. Poco después, vi que colaboraron con un influencer de fitness que subía fotos de sus abdominales con una vela al fondo. En la descripción decía:
«Enciende tu cuerpo y tu alma. Todo empieza con un crunch… y una vela.»
Perdí contra abdominales. Fue devastador.
Tercera lección: La vulnerabilidad vende, pero no si asusta
Me dije: «La gente conecta con la vulnerabilidad.» Así que hice un video titulado «Un INFJ en un mundo que no entiende.»
El video mostraba mi habitación tenuemente iluminada. Mi cara reflejaba un dolor existencial digno de un personaje secundario en una tragedia rusa. Empecé diciendo:
«Ser INFJ es como ser un faro en medio de la tormenta. Iluminas el camino, pero nadie te ve.»
Luego me emocioné:
«A veces siento que soy como una vela en un huracán: pequeña, frágil, pero con luz suficiente para que alguien, en algún lugar, vea el camino.»
Esperaba comentarios como: «Wow, qué identificable,» pero esto fue lo que recibí:
- «Esto suena como el monólogo de un villano de Marvel.»
- «Hermano, esto es demasiado oscuro para un miércoles.»
- «Por favor, alguien abrace a este hombre.»
Mientras tanto, un influencer llamado «El Coach del Alma» subió un video con la descripción: «Recuerda, amigos: la vulnerabilidad es clave, pero siempre con una sonrisa.» Ochenta mil likes.
Cuarta lección: No eres tan diferente
En un intento desesperado, traté de ser «normal.» Subí una selfie sonriendo con un smoothie de fresa. La descripción decía:
«La vida no es perfecta, pero tu actitud sí puede serlo.»
Perdí 15 seguidores. Entre ellos, mi prima, que comentó: «Ya no sé quién eres.»
Ese día aprendí algo doloroso: los INFJ no somos tan únicos como creemos. Toda esa supuesta profundidad, esas emociones complejas, ese «nadie me entiende»… ya lo habían hecho otros. Mejor. Y con abdominales.
Quinta lección: El amor no se viraliza
Mi último intento fue usar mi punto fuerte: el amor. Subí un post titulado «Cómo amar como un INFJ.» La lista decía:
- Escucha más de lo que hablas.
- Mira a los ojos. Siempre.
- Siente lo que ellos no pueden expresar.
Esperaba que alguien dijera: «Esto cambió mi vida.» En su lugar, los comentarios fueron:
- «Esto suena como el manual de un acosador.»
- «Por favor, deja de mirar a la gente. Es raro.»
En otro post, escribí:
«El amor no es para entenderlo, es para vivirlo.»
El comentario más likeado decía:
«¿Por qué escribes como si fueras el villano romántico de una novela que nadie compraría?»
Conclusión: Ser INFJ e influencer es como ser vegetariano en una parrillada
Al final, no me convertí en un gran influencer. Pero aprendí algo valioso: ser INFJ es como ser un poeta en una convención de memes. Puedes intentarlo, pero nunca serás trending topic.
Mientras tanto, el influencer de fitness con las velas lanzó un libro titulado «Cuerpos encendidos: El fitness espiritual que cambiará tu vida.» Vendió 10,000 copias en su primer día y ahora tiene un podcast llamado «Abdominales y Alma.» Yo, en cambio, escribí este ensayo.
Como dijo alguien muy sabio (probablemente yo mismo):
«El verdadero INFJ no busca likes; busca sentido. Y a veces, un poco de consuelo en su propio desastre.»